-¿Sabe por qué quiero hacer teatro? Se lo voy a decir. Quiero hacer teatro porque quiero hacer algo por mí y por los demás. Quiero hacer teatro porque creo que sirve para comunicarse entre los seres humanos, porque creo que puede ser un camino hacia el entendimiento y hacia la comprensión. Por eso.
-Así que quieres cambiar el mundo...
-Pues sí, me encantaría cambiar este puto mundo. Y creo que todavía se puede cambiar.
[…]
Nosotros queríamos cambiar el mundo y desde luego no lo conseguimos. Ahora lo que intento es que el mundo no me cambie…
Noviembre, de Achero Mañas, 2003.
Alguien dijo alguna vez que quizás uno no pueda cambiar el mundo, pero que lo importante, lo verdaderamente importante, era que el mundo no lo cambie a uno. A mí me maravilló esta frase. La oí por primera vez de labios de Bernard Kudlak, director del Circo Plume, en un video en VHS que circulaba en forma clandestina y casi secreta entre los que nos dedicábamos al circo, en mi caso al circo callejero. De inmediato la adopté como frase de cabecera y cuando comenzamos a viajar con la compañía, a conocer gente y cada tanto, a dar una charla que incluía en ese entonces, casi siempre, una declaración de principios, solíamos citarla. Sin dar nombres, por si acaso.

